Se jubila Antonio Lavado García, el último 'don' del instituto

GENTE CERCANA

Hace 32 años que Antonio Lavado García llegaba a Monesterio para realizar aquello que más le ha gustado siempre, enseñar a los demás. Natural de Cabeza la Vaca, nació en el mes de diciembre del año 1952. Estuvo en la escuela primaria de su pueblo hasta que en 1964 ingresa en el Seminario de Badajoz, en donde permanecería hasta 1968. Superada la reválida del Bachiller Elemental, estudia en el instituto Suárez de Figueroa, de Zafra, en donde saca el título de Bachiller Superior. Pasa entonces a estudiar en la Escuela Normal de Magisterio de Badajoz, terminando sus estudios en 1976. Ese mismo año consigue una interinidad en su pueblo, en donde permanecerá hasta que, aprobadas las oposiciones al año siguiente y finalizado el Servicio militar, le dan destino definitivo en San Martín de Trevejo, al norte de Cáceres, en plena Sierra de Gata.

En el curso siguiente obtiene plaza en monesterio, en donde permanecerá dando clases, 15 cursos en la escuela y el resto en el instituto, desde 1981 hasta su jubilación en diciembre de 2012.

Maestro de vocación, disfrutó hasta hace unos días de su trabajo con sus compañeros y con sus alumnos. Varias generaciones han pasado por esas clases de Lengua o de Francés, donde además de la materia necesaria, a este maestro lo que realmente le ha importado siempre es que el alumno aprendiera a leer y a escribir bien por encima de todo.

"He tratado de transmitir valores como la sencillez y humildad, esenciales en mi manera de trabajar, dando la oportunidad de colaborar a todos mis alumnos", nos contaba Antonio .

Si lo que más le gusta es enseñar, pasamos a aquello que no le gusta nada con respecto a su trabajo, que es la falta de disciplina de los alumnos, "sobre todo últimamente que la falta de educación se ha ido poniendo de mala manera eso no lo soporto". Quizás deberíamos de reflexionar nosotros un poco como padres, ya que nos contaba que "yo tengo un concepto sobre este tema, y es que los niños no nacen ni en el instituto, ni en la escuela, el niño nace en su casa, y por eso la cimentación de la educación de los niños ha de venir de casa".

Para este maestro, es un problema que el niño consiga todo lo que pida sin tener que esforzarse en absoluto, posiblemente motivo principal del fracaso escolar, "a los niños hay que enseñarlos a que valoren más las cosas, a que por supuesto aprecien más los estudios".

Para Don Antonio, su propia escuela ideal tiene tres pilares básicos, que serían, los maestros que tienen que saber enseñar, los niños, que tienen que querer y los padres que han de hacer de intermediario y colaborar.

Siguiendo con lo de la buena educación, lo del DON es para el maestro algo que puede carecer de importancia en su vida habitual, pero que en la escuela tiene su sentido. No entiende como al maestro se le ha quitado la autoridad y parte de esa autoridad se quita con este tuteo indecente. "Tu puedes considerar ese tuteo cuando el que te está hablando de 'TÚ' sabe respetarte". Nos decía también que "por muy bien que nos queramos llevar con el niño, hay que saber guardar las distancia y respetarnos mutuamente".

De los seis maestros que pasaron al instituto cuando se implantó la ESO, todos con el DON, el único que faltaba por jubilarse era Don Antonio Lavado, ¿entendéis ahora lo del último DON del instituto?.

Empezaste abrochando los baberos 

y en pizarras mil muestras escribiendo, 

y uno a uno los cuadernos corrigiendo

enseñando la letra con esmero.

Seguiste con la pluma y el tintero 

muchos conocimientos transmitiendo; 

y a todos tus alumnos imprimiendo 

el sello del saber, dulce y severo.

Sigues con la ilusión de quien moldea

su espíritu repleto de belleza

 y con su aprendizaje te recreas,

Siendo ese aprendizaje la riqueza

de quien todo lo da. Y nunca creas

que olvidarán tu rostro y tu grandeza.

A. Lavado