Eugenio Delgado conduce a los agentes de la UCO hasta la casa de Manuela Chavero durante una reconstrucción de los hechos en mayo de 2021 / I. AMBRONA

Caso Manuela Chavero

Eugenio Delgado mantiene su versión de que no mató a Manuela Chavero

Según ha repetido insistentemente, la mujer se cayó y él se asustó. La UCO no se cree esta versión, y sigue sospechando de un móvil sexual

REDACCIÓN

«Manuela cogió la cuna de un extremo y yo del otro. Ella iba andando de espaldas, tropezó al maniobrar y cayó. No se movía. Me puse muy nervioso, estuve diez o quince minutos dando vueltas por la casa sin saber qué hacer». Este es un extracto de la declaración que Eugenio Delgado hizo ante la Guardia Civil y posteriormente ante el juez una vez que fue detenido por la desaparición de Manuela Chavero el 5 de julio de 2016. ABC ha tenido acceso a la declaración que hizo la noche que fue detenido ante la Benemérita y a la que ofreció un mes después, ya en sede judicial.

Como viene informando HOY, Chavero salió de su casa ese día de madrugada en pantalón corto y chanclas, dejándose las llaves y el móvil. Se dejó las luces y la tele encendidas.

Más de cuatro años después, la madrugada del 18 de septiembre de 2020, la Guardia Civil detuvo a Eugenio Delgado, de 28 años, un conocido de Manuela que llevaba mucho tiempo siendo el principal sospechoso. Después de declarar durante casi cinco horas, llevó a los agentes a una finca de su propiedad. Como admitió, allí la había enterrado. Ni entonces ni después ha admitido que la matara.

Según ha repetido insistentemente, la mujer se cayó y él se asustó. La UCO no se cree esta versión, y sigue sospechando de un móvil sexual.

Según las declaraciones de Delgado, la causa de la muerte de Chavero es una cuna. Era de Manuela, pero estaba en la casa propiedad de la madre de Eugenio (que utilizaba él aunque vivía en otra del pueblo), muy cerca de la de la mujer. Según declaró, Manuela se la había prestado a un amigo de Eugenio que vivió una temporada ahí y ella se la había reclamado días antes. Aquella noche de madrugada, vio luz en casa de Manuela y llamó para devolvérsela. «Cargando la cuna yo empujaría más de la cuenta y con las chanclas dando marcha atrás tropezó», le dijo al juez. Manuela sangraba por la cabeza.

«Asumí que tenía un problema porque iba a ser muy complicado explicar lo sucedido». Solo se le ocurrió deshacerse del cuerpo. (...)

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