Pepe Gómez y Pepi Girón, Romeros Mayores; Pablo Pérez y Patricia Ambrona, Romeros Infantiles, y Rufino Espacio, capataz del camino, junto a San Isidro en su calle de Monesterio / ELENA AMBRONA

Baño de masas para San Isidro en su procesión por las calles de Monesterio

Los monesterienses demostraron que habían echado de menos esta fiesta, tras dos años sin poder disfrutar de ella a causa de la pandemia

Isabel Ambrona
ISABEL AMBRONA

Los vecinos de Monesterio tenían ganas de volver a vivir una de sus fiestas más importantes y participativas del año y así lo demostraron. Fue en la tarde de este miércoles, 11 de mayo, cuando San Isidro Labrador se echaba a las calles de Monesterio, tras dos años de ausencia por la pandemia, para ser venerado. Lo hizo muy bien acompañado, ya que un baño de masas arropó al Santo tras la misa, desde la Iglesia hasta su calle. También la Banda de Música de Monesterio acompañó a San Isidro durante su recorrido. Allí, un altar improvisado le rindió homenaje.

​​Pepe Gómez y Pepi Girón, Romero y Romera Mayor de este año, respectivamente, junto a Patricia Ambrona y Pablo Pérez, Romera y Romero Infantil, y Rufino Espacio, capataz del camino, fueron los encargados, tal y como dicta la tradición, de realizar la ofrenda floral al Santo en la calle que lleva su nombre. El Coro 'A Punta Pala' puso la nota musical a la procesión. Sus cantes junto al colorido de los centenares de trajes de flamenca, repletos de volantes, la alegría y las ganas de pasarlo bien hicieron el combo perfecto en una tarde en la que el tiempo también acompañó, con temperaturas agradables.

Numerosos vecinos acompañaron al Santo por las calles de Monesterio / ELENA AMBRONA

Tras la parada, la procesión continuó por la calle Pozos hasta culminar el recorrido en el Pabellón Multiusos, donde se celebró por vez primera este año la tradicional Verbena, en lugar de en la Plaza del Pueblo. La coronación de los Romeros tuvo lugar acto seguido de la llegada de la procesión al Pabellón. Tras ella, la Orquesta Azahara amenizó la fiesta. La quema de una colección de fuegos artificiales dió el pistoletazo de salida a cuatro días de fiesta en la pradera del Culebrín en honor al patrón de los agricultores y los ganaderos.