El consumo de tabaco, un problema de salud pública

Manuel Barragán. Cedida
OPINIÓN

El consumo del tabaco es una de las principales causas por la que enfermamos  y por la que, en todo el mundo,

miles y miles de personas mueren de manera prematura, es decir, antes de lo que les correspondería por su edad.

Así suelen empezar casi todas las informaciones de tabaquismo que aparecen en los medios de comunicación; pero esto que sabemos los profesionales no sirve para NADA, no llega a quien tiene que llegar. Los sanitarios hablamos de enfermedades y de muertes de tal manera que nuestros destinatarios ya se lo toman alegremente, se ríen y muchas veces hasta se mofan de ello.

En España más de 50.000 muertes anuales son atribuibles al consumo de tabaco.

El tabaquismo es una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud desde 1992 y es la causa conocida de muchas enfermedades  que conviven en nuestros domicilios con nosotros, especialmente las oncológicas (cáncer), cardiovasculares (hipertensión arterial, infartos de miocardio) o respiratorias (enfermedad pulmonar obstructiva crónica).

El humo ambiental de tabaco contiene más de 4.500 sustancias distintas; muchas de ellas son componentes tóxicos (producen daño), y más de 50 son sustancias carcinogénicas, que producen cáncer.

La población infantil, obviamente, no fuma o no se la ve fumar, pero acusa ostensiblemente el tabaquismo (neumonía, bronquitis, otitis, asma...) a causa de respirar a diario aire contaminado por el humo de tabaco en sus casas, en sus coches...

La prevalencia tabáquica en los profesionales sanitarios españoles es elevada. Diversos estudios la sitúan entre el 38% y el 42%. Esto quiere decir que uno de cada tres sanitarios también padece esta enfermedad, no son personas ajenas a ella.

El 30 % de los estudiantes de ESO (Educación Secundaria Obligatoria) fuma tabaco de forma regular y un 5% se declaran exfumadores. La media de consumo de cigarrillos es aproximadamente de 7 a 10 al día y el porcentaje de fumadores es algo mayor en las chicas que en los chicos, aunque estos últimos son quienes más cantidad fuman. La frecuencia de consumo va aumentado  progresivamente con la edad: a los 12 años, cuando abandonan la educación primaria, casi un 10% fuma; a los 14 años afecta al 16% de los niños y a los 18 años alcanza al 50 %; o sea, uno de cada dos jóvenes cuando llegan a la edad adulta son ya fumadores habituales.

El comienzo de consumo de tabaco es progresivo y sigue siendo precoz; alrededor de los 13,5 años está la media de edad en que nuestros jóvenes se inician. Por todo ello, y porque el consumo de tabaco produce graves perjuicios para la salud, el tabaquismo en adolescentes es un importante problema social, que no tiene nada que ver con clases sociales, razas, culturas, regiones, etc.

 El tabaquismo, pues, NOS AFECTA  A TODOS.

Comenzar a fumar no es un hecho que se produzca en un momento aislado, sino que es un proceso con varias etapas. La mayoría de los escolares de primaria con los que he trabajado se manifiesta radicalmente en contra de fumar. Sin embargo, muchos de ellos acabarán haciéndolo unos años más tarde. El proceso se inicia desarrollando lo que se llama susceptibilidad al consumo de tabaco, que consiste en una actitud positiva hacia el tabaco, formada por varios factores unidos por un vector común: la publicidad (el tabaco se hace ver como un indicador de libertad personal, de manifestación de rebeldía o algo propio de los adultos), la influencia de los compañeros        ("nuestros amigos más cercanos fuman" o "lo hacen los chicos a los que queremos parecernos o por quienes deseamos ser aceptados en un grupo"), la conducta de nuestros padres ("mi madre fuma para no engordar o controlar su ansiedad"), un ambiente social proclive al tabaco (" mis profesores fuman", "en las fiestas todo el mundo fuma", los protagonistas de mis películas preferidas fuman, o en series de TV como Los Simpsons, Amar en tiempos revueltos, Velvet, etc.).

A menudo estos jóvenes "susceptibles" pasan a una segunda etapa en la que prueban o experimentan con el tabaco, una primera toma de contacto que en muchos casos se produce en la propia casa o en sus cercanías.  Además, los adolescentes que experimentan con el tabaco no suelen comprarlo y son sus amigos quienes se lo facilitan. Todavía se vende tabaco suelto, como lo hacía mi abuela, o se les quita a los padres como yo hacía con el mío.

Aproximadamente, el 30 al 50% de los adolescentes que experimentan con el tabaco acaban pasando a la siguiente fase, la del consumo regular, la del fumar a diario; pero, eso sí, "yo fumo poco", "sólo fumo los fines de semana"...

Normalmente, el pasar de una etapa a otra es resultado de un balance entre dos fuerzas: por un lado, los efectos fisiológicos del tabaco, que suelen ser desagradables, como mareos, tos, mal olor, mal sabor de boca, etc; y por otro lado, los factores psicosociales como la reacción de los hermanos, amigos y padres o la tolerancia social hacia el consumo de tabaco, su precio, etc.

Resumiendo, los que empiezan a fumar de forma regular, al principio no lo hacen diariamente, sino poco a poco, sobre todo los fines de semana; pero al poco tiempo fumar acaba convirtiéndose en un hábito diario que da lugar a una larga historia adictiva y de dependencia. Y para la que actualmente el personal sanitario no está preparado ni cualificado.

La inmensa mayoría de los fumadores adultos empezaron a consumir cigarrillos antes de los 18 años, y es muy raro que lo hicieran después de los 25. Se comienza a fumar por razones psicosociales, pero después el hábito se refuerza y se mantiene por los efectos psicoactivos de la nicotina que contiene el tabaco. A la mayoría de los jóvenes de 20 años que fuma le gustaría dejarlo, pero no pueden porque ya están enganchados. Y para dejarlo tendrán que aparecer problemas de salud que nunca suelen producirse a esas edades tempranas, sino que tardarán en salir años y años, etapa en la que se mantendrá esa historia de consumos que beneficiará a quien vive de ello, la industria del tabaco.

 

Si los niños y los jóvenes no adquirieran el hábito de fumar, acabaríamos con los problemas derivados del consumo de tabaco en sólo unas décadas. Llevo más de 20 años dedicándome a ello y no percibo cambios; aunque desde 1980 a la actualidad el porcentaje de fumadores varones se ha reducido a casi hasta el 30%, el de mujeres ha alcanzado un 40%. Sin embargo, ambos grupos de población siguen siendo objetivos prioritarios de todas las estrategias contra el tabaquismo.

Desgraciadamente, el porcentaje de jóvenes españoles que fuma es muy alto; y, lo que es más importante, no está descendiendo de forma sustancial en los últimos años.

A modo de ejemplo para terminar, quiero deciros que he sido fumador desde los 17 a los 30 años, pero llevo sin fumar los últimos 21 años, mis amigos de pandilla fumaban mayoritariamente y desgraciadamente lo siguen haciendo, una historia que dura más de 35 años en muchos casos: en esto está el negocio..." para que muchos de los que lo siguen fumando enfermen o no lleguen a disfrutar su jubilación".