Una fisioterapeuta en Francia

Yeray, Isa, Antonio José y Carolina delante de la Torre Eiffel. Foto cedida por Carolina
MONESTERIENSES EN EL MUNDO

Mi nombre es Carolina, y en estos momentos soy fisioterapeuta del Hospital de Reeducación Funcional de Bourbonne les Bains, un pequeño pueblo del noreste de Francia, en pleno mundo rural...y os contaré cómo he acabado aquí...

Desde bien pequeña mi ilusión era estudiar Fisioterapia, por unas cosas u otras, hasta hace dos años no logré este objetivo. Hace dos años, con la crisis acechando nuestro país, mis posibilidades de encontrar un buen trabajo eran escasas, aunque tengo que decir que tampoco lo intenté mucho, ya que la idea de trabajar en Francia de fisio me rondaba la cabeza hacía tiempo, por lo que decidí preparar la homologación del título y comenzar la aventura.

La idea de trabajar aquí me surgió durante la carrera. Siempre escuché que la cuna de la fisioterapia estaba por este terreno, muchos de los autores de teorías y libros de la facultad eran franceses, incluso existían agencias que se dedicaban a buscar fisios españoles para traerlos a Francia, por lo que se me abría un campo de posibilidades bastante llamativo.

Así, una vez con la homologación en la mano, me puse en contacto con una de esas agencias, en realidad puedes dar el paso sin recurrir a ellas, pero siempre tienes un respaldo a la hora de resolver problemas una vez fuera. La agencia me presentó muchas ofertas, desde termas o balnearios a hospitales y clínicas, pero lo más sensato en esos momentos teniendo en cuenta mi nivel de francés era optar por la terma.

La verdad, que fue un poco locura, el idioma no lo manejaba, tan sólo llevaba lo aprendido en la ESO (os podéis imaginar lo que aprendimos con Argimira), unas clases particulares que amablemente Manoli Pecellín se ofreció a darme (desde aquí, muchas gracias) y mi insistencia en Aulafacil todas las mañanas. Con todo esto, y preparando el viaje en una semana, puse rumbo a La France, dejando atrás mi vida y asumiendo el riesgo que ello conllevaba.

Ningún comienzo es fácil, y puedo asegurar que en una terma menos... Trabajé en la Terma de Bains les Bains durante dos meses, mi idea era coger un poco el idioma, conocer la cultura y por supuesto, ganar mi dinerito...lo que no entraba en mis planes era dejarme las muñecas con los masajes, y para colmo, trabajar con un canario y una rumana que hablaba español, así que adiós al idioma!... pero gané lo mejor, a mis compañeros que acabaron siendo mi familia francesa.

Después de mi periplo por Bains, comencé a trabajar en el hospital que sigo hoy, y puedo decir que es el típico hospital que estudias en la carrera, en el que hay un equipo multidisciplinar bien organizado, que se reúne semanalmente para hablar de los pacientes y su evolución, en el que se hacen continuas valoraciones al enfermo, los médicos rehabilitadores pasan por la sala de fisio, te preguntan tu opinión sobre el tratamiento... en definitiva, eso que no se ve por España... (perdonad que me extienda en explicaciones, pero realmente las merece). Se trata a todo tipo de pacientes, sobretodo traumatología, neurología, y ortopedia. El equipo cuenta con médicos rehabilitadores, enfermeras, auxiliares, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, profesores de deporte adaptado, psicomotricidad, psicóloga... además de un simulador de conducir y aparato de locometría... y todo, con instalaciones propias para su desarrollo... Para cualquier amante de las ciencias de la salud, un paraíso. No sé si por toda Francia será así, imagino que habrá de todo, por eso sé la gran suerte que tengo de estar aquí, de tener la oportunidad de desarrollar mi profesión en este ambiente, de formarme, de aprender, intento sacar el máximo cada momento porque. algún día, me gustaría aplicarlo en mi tierra.

Todo esto se hace posible aquí porque la población tiene una percepción del fisioterapeuta que no es de mero masajista, como clásicamente se nos suele conocer en España. Pero esto me llevaría otro artículo más en el periódico, así que mejor sigo con mi experiencia.

Durante todo estos meses, ya más de un año, he conocido a mucha gente, viajado a muchos lugares, vivido muchas experiencias... pero siempre echando de menos a mi gente, mi familia, mi novio, mis amigos...y como no, al solecito, las terrazas, las cervezas frías, la Romería, las Navidades, las clases magistrales de geografía de mi padre, la compañía y la comida de mi madre... qué buenas unas papas cocías, unos garbanzos guisaos de la abuela Dolores, el gazpacho de mi tita Carolina... Cuantas veces pensé en volver, pero no se puede tener todo... y ahora no es tiempo de jugar con el futuro profesional. Claro que es duro tener que salir de casa y buscarte la vida, pero para mí es una experiencia personal obligatoria que todos deberíamos hacer alguna vez. Quizás a mí me venga de familia, mis primos andan por Panamá, Canadá, otros se fueron de Erasmus a Portugal o Lyon, mi hermana pasó dos años por Londres... Sea lo que sea, os animo a dar el paso, os hace ver el mundo desde otra perspectiva, os hace valorar lo que realmente importa y quitarle importancia a los sinsabores.

A mi primera experiencia por Francia le queda ya poquito, unos dos meses (que no me echan, me voy yo). Digo mi primera experiencia porque mi pensamiento es regresar en Septiembre y aprovechar hasta que la crisis le dé un respiro a España. Pero siempre con la idea de volver a casa, no concibo mi futuro sin mi tierra, tierra de trabajadores, de buena gente, de jóvenes perfectamente formados que salen en busca de su futuro porque difícilmente lo encontrarán en el país del sol y la sonrisa (como me dicen por aquí), jóvenes sin miedo que imitan a los mayores que no hace mucho hicieron lo mismo...Demasiadas similitudes entre diferentes épocas...espero que todo cambie.

Para terminar, me gustaría dar las gracias a mi familia, novio y amigos, por ayudarme, animarme, por acordaros siempre de mí a pesar de los kilómetros, a mi amiga-compañera-familia, Isa, por aguantarme todo este tiempo y hacer que no me sienta sola por estas tierras, gracias muy especialmente a mis padres, por su apoyo incondicional, sin vosotros no hubiera llegado aquí, y a Lola, por darme la oportunidad de contar mi experiencia. GRACIAS.

Un saludo enorme a todos mis paisanos.